El PAN con sus casinos

El Partido Acción Nacional vive su peor época a nivel nacional manchado por la corrupción, inmerso en una guerra interna por la lucha de poderes

 

Alejandro Garza

 

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En la época de Carlos Salinas como presidente de México, los panistas luchaban por lograr una alternancia en el poder de una manera descomunal. Poco a poco ganaban posiciones en Ayuntamientos y en curules, arropados bajo el concepto del verdadero cambio.

 

La bandera panista enarbolaba ideales que hacían creer a la población que se acabarían las corruptelas, las transas y el juego de poder que tanto daño le habían hecho a la nación.

 

Y en uno de los apartados en donde fueron durísimos críticos hacia la administración salinista, fue en la del otorgamiento de permisos para administrar salas de juego. Salinas concedió 292 permisos en su sexenio. “¡Pecado mayúsculo!”, dijeron los panistas, pues se abrían las puertas para que floreciera “el vicio y la degradación moral”.

 

Fue el auge de los negocios del priísta Jorge Hank Rhon, líder del Grupo Atlacomulco y los casinos Caliente, un imperio en casas de apuestas en México que, durante la era panista, conoció lo que era la competencia con otros ilustres casineros del Partido Acción Nacional (PAN).

 

Cuando por fin Ernesto Zedillo entregó los mandos del Poder Ejecutivo federal a Vicente Fox, el panismo se alegraba al darse cuenta que ahora era su turno: la oportunidad de ejercer el poder de manera como más les conviniera.

 

Pero sólo bastó que llegaran al poder para que a los panistas se les olvidaran sus ideales, doblegados por las tentaciones y embriagados por los placeres que se compran al arropo del dinero fácil.

 

Fue en el sexenio de Fox cuando su secretario de Gobernación, Santiago Creel, con la ilusa idea de ganar la carrera para ser candidato a la Presidencia de la República, otorgó 266 permisos a empresarios conocidos, como Emilio Azcárraga Jean, Olegario Vázquez Raña y Abraham Mafud, además de otros menos conocidos, como José Carlos Morales Rojas y Carlos Riva Palacio.

 

Y aunque la estrategia de Creel para ser presidente de México no funcionó, la caja de Pandora ya había sido abierta. Los panistas descubrieron y entendieron que el negocio del juego y las apuestas no sólo redituaba beneficios políticos, sino que además había una sustanciosa fuente de ingresos económicos.

 

Ya en el sexenio de Calderón el descaro fue mayor. Otorgaron 94 permisos a unos pocos beneficiados, entre ellos Juan Iván Peña Neder, identificado con el grupo calderonista, y para el llamado Zar de los casinos, el regiomontano Juan José Rojas Cardona, identificado con el grupo maderista y por haber financiado diferentes campañas políticas, varias aquí, en Nuevo León.

 

Durante el pasado sexenio, el negocio de las casas de apuestas derivó en varias problemáticas: los casinos operan con permisos falsos redactados y firmados ante la mirada complaciente de funcionarios de la Secretaría de Gobernación y con la implicación de actuales servidores públicos, como el senador Roberto Gil Zuarth.

 

La grieta entre la cúpula panista se abrió por completo: perdieron la Presidencia. Y al momento de que Calderón dejó la silla presidencial, las acusaciones empezaron a surgir. Primero, al salir a la luz pública que minutos antes de que se terminara su sexenio, se regularizaron varios permisos de juego y sorteos.

 

De ahí que la exesposa de Juan Iván Peña Neder, Talía Vázquez Alatorre (quien mandó a la cárcel a su exmarido porque la violó y la obligó a tener relaciones sexuales con otros más), empezó a denunciar una serie de irregularidades que se dieron en la otorgación de muchos permisos para operar casinos, muchos de ellos apócrifos, es decir, falsos, en donde están involucrados el mismo Peña Neder –quien fuera asesor del gobierno de Calderón– y una buena cantidad de militantes panistas.

 

Vázquez Alatorre acusó a Ricardo Villarreal, diputado en León, Guanajuato, hermano del líder de la bancada panista en la Cámara de Diputados, Luis Alberto Villarreal, a quien señalan como socio de un casino que opera en León.

 

Dentro de sus acusaciones también aparece Roberto Gil Zuarth (ahora senador, quien fungía en ese entonces como secretario particular de Felipe Calderón Hinojosa) por recibir 800 mil dólares para gestionar un casino en la ciudad de Querétaro.

 

La proliferación de casinos se inició con el fallido intento de Santiago Creel de llegar a Los Pinos beneficiando a Televisa. En la segunda invasión –la que se llevó a cabo en Guanajuato–, el grupo político encabezado por Gustavo Madero Muñoz, presidente del PAN a nivel nacional, avaló y negoció con el llamado Zar de los casinos, Juan José Rojas Cardona, para que colocara casas de apuestas a lo largo y ancho del país.

 

De esta ola de permisos y ganancias sustanciales para todos surge el poder de Luis Alberto Villarreal, del que su hermano Ricardo también se benefició.

 

Pero los calderonistas, al darse cuenta de que el grupo maderista se fortalecía económicamente con el asunto de los casinos, tomaron la misma estrategia para apoyar a un grupo comandado por Peña Neder y gestado por el ahora senador Gil Zuarth. Ahora, cuando Madero y Gil Zuarth pelean por controlar el panismo nacional, los golpes bajos y desacreditaciones están a la orden del día.

 

Esta lucha por el poder entre las dos fracciones panistas ha destapado la cloaca donde se respira el hedor de la corrupción, envuelta en concesiones para instalar casinos en todo el territorio nacional.

 

Las dos fracciones están envueltas en el escándalo y ninguna sale bien librada.

 

Y ¿quién se queda en medio del conflicto y será el mediador entre ambas fracciones? El Partido Revolucionario Institucional de nuevo en el poder, que con las disputas panistas llega con un aura de frescura y renovación. Será el actual secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien resuelva el grave problema de los casinos, el lavado de dinero y los permisos para su instalación. Durante el presente sexenio, el pastel será repartido entre todos.

 

 

 

SIDE Va el caso a investigación

 

Por unanimidad, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión aprobó en días pasados la creación de una comisión de investigación bicameral para obtener información sobre el tema de otorgamiento de permisos para la operación de casinos y casas de apuesta.

 

Mediante un punto de acuerdo presentado por el diputado Ricardo Monreal, de Movimiento Ciudadano, se exhortó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que en el marco del examen sobre la controversia constitucional 123/2012, interpuesta por la Cámara de Diputados, revise y resuelva el expediente con absoluto respeto a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

Además, se solicita a la Procuraduría General de la República iniciar las averiguaciones pertinentes que permitan esclarecer los hechos sobre la probable existencia de una red de tráfico de influencias operada por exfuncionarios de la Secretaría de Gobernación, relacionada con operadores y permisionarios de casinos y casas de apuestas.

 

Asimismo, se hace un llamado al ministro Alberto Gelacio Pérez Dayán a excusarse de conocer o de participar en la resolución del caso, por ser notorio y ostensible el conflicto de intereses en que podría estar incurriendo.

 

“No he sido, no soy y no seré propietario, ni cercano, a ninguna casa de apuestas y juegos en este país, porque a eso no me he dedicado en los últimos años de mi vida”.

 

Luis Alberto Villarreal, coordinador del PAN en la Cámara de Diputados

 

“Es necesaria una nueva ley en la materia que transparente este negocio donde prevalece la discrecionalidad”.

 

 

Manlio Fabio Beltrones, líder parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados

 

 

Le apuestan al casino

 

•        Los primeros casinos que proliferaron en el país fueron los permitidos por Santiago Creel Miranda como secretario de Gobernación, quien buscaba afianzar su precandidatura presidencial.

 

•        La segunda ola de casinos, la que invadió Guanajuato, llegó de la mano del grupo político encabezado por Gustavo Madero Muñoz, actual presidente del Partido Acción Nacional, donde se alza de manera distinguida Luis Alberto Villarreal, quien influyó, sin aparecer, para lograr los permisos que hicieron posible la apertura del casino Grand, en León.

 

•        La tercera ola llegó de la mano del grupo de Felipe Calderón y de su exsecretario particular Roberto Gil Zuarth. La expedición de nuevos permisos levantó la furia de los propietarios de los anteriores permisos y la lucha llegó a los juzgados.

 

•        La gota que derramó el vaso surgió cuando Talía Vázquez Alatorre soltó la sopa y empezó a denunciar una serie de irregularidades que se dieron en la otorgación de muchos permisos para operar casinos, muchos de ellos apócrifos, es decir, falsos.

 

 

 

 

 

 

 

 
Contralínea Nuevo León/ Enero 2013

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